23/4/20

CAPÍTULO LVI “UN SEGUNDO RICARDO EN MI VIDA”


El fútbol me seguía fascinando. Un jugador del Club Nacional de Football me hacía perder la cordura. Ricardo Canals era un rubio de cabello lacio, de aspecto amable, me resultaba buen mozo. Comencé a seguir su carrera con mucha atención. Mis fantasías se disparaban pensando en él. Soñaba con el rubio, tanto despierta como también dormida, y todo parecía tan real. Delirios nada más.
A pesar de mi debilidad por el fútbol, yo nunca había presenciado un partido en el estadio Centenario. En octubre, las noches empezaron a presentarse muy agradables, templadas. Se estaba jugando la Súper Copa y Nacional participaba del torneo. Jugarían en Montevideo Nacional-Flamengo. Me embalé con la idea de ir. Les propuse a unos amigos la posibilidad. Gustavo, Ana, Luis e Indara acompañaron la propuesta. Al entrar a la tribuna América del estadio sentí una emoción bien inmensa, miré hacia la tribuna Amsterdam y me llenó de agrado verla enormemente alba, es indescriptible la sensación que me invadió, fue algo totalmente irracional, pasional, visceral. El partido lo ganó Flamengo. Al salir, les pedí a mis amigos aguardar en la puerta del vestuario de Nacional. Le dije a Gustavo que cuando saliera Ricardo lo llamara. Al ver al rubio me enloquecí.
-¡Ricardo! - grité desaforadamente.
Él me oyó. Gustavo le señaló donde yo me encontraba. Él se dirigió hacia mí. Me dio un beso y nos tomamos una foto. Me sentí levitar, hacía mucho tiempo que no experimentaba esa sensación de cosquilleo en el estómago. La verdad me resultó una noche de película.
Seguí yendo al estadio. Fui a un partido clásico y alenté a Peñarol. Los siguientes encuentros decidí hacerle caso a mi corazón y desde allí soy hincha de Nacional con todas mis fuerzas.
Asistimos a la liguilla pre Libertadores y para uno de esos partidos, se me ocurrió regalarle a Ricardo una cadena con una medalla de Jesucristo que yo usaba hacía bastante tiempo. Concluyó el partido y fui a verlo con mi regalo. Cuando nos íbamos, a Gustavo se le escaparon unas palabras.
- A ver si aflojás una camiseta… – le dijo al blondo.
Canals tenía novia, se iba a casar en breve. Yo que estaba poco menos que loca por el rubio, seguía todos los programas futboleros, grababa cada imagen donde él aparecía, guardaba recortes de diarios con su foto, piraba mal. Llegué hasta a grabar escenas de su casamiento.
Cuando Nacional salió campeón de la Liguilla, ya empezando el año 1994, al final de un partido, Canals subió a mi camioneta y amablemente sacó de su bolso la camiseta N° 6 con la que había jugado y me la obsequió. Yo volaba de la alegría, el bombón no podía ser más dulce y más lindo tampoco. Y bueno, mi objetivo estaba cumplido, no esperaba más.
Continué yendo a alentar a Nacional. Íbamos con Luis, con quien nos hicimos muy buenos amigos. Luis empezó a manejar mi camioneta. Era tanta la compatibilidad que nos unía que llegamos a ser casi inseparables. Él había terminado su relación con su novia.
Luego Canals fue transferido a un equipo en Argentina, ya allí le perdí el rastro.


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