El fútbol me seguía
fascinando. Un jugador del Club Nacional de Football me hacía perder
la cordura. Ricardo Canals era un rubio de cabello lacio, de aspecto
amable, me resultaba buen mozo. Comencé a seguir su carrera con
mucha atención. Mis fantasías se disparaban pensando en él. Soñaba
con el rubio, tanto despierta como también dormida, y todo parecía
tan real. Delirios nada más.
A pesar de mi
debilidad por el fútbol, yo nunca había presenciado un partido en
el estadio Centenario. En octubre, las noches empezaron a presentarse
muy agradables, templadas. Se estaba jugando la Súper Copa y
Nacional participaba del torneo. Jugarían en Montevideo
Nacional-Flamengo. Me embalé con la idea de ir. Les propuse a unos
amigos la posibilidad. Gustavo, Ana, Luis e Indara acompañaron la
propuesta. Al entrar a la tribuna América del estadio sentí una
emoción bien inmensa, miré hacia la tribuna Amsterdam y me llenó
de agrado verla enormemente alba, es indescriptible la sensación que
me invadió, fue algo totalmente irracional, pasional, visceral. El
partido lo ganó Flamengo. Al salir, les pedí a mis amigos aguardar
en la puerta del vestuario de Nacional. Le dije a Gustavo que cuando
saliera Ricardo lo llamara. Al ver al rubio me enloquecí.
-¡Ricardo! - grité
desaforadamente.
Él me oyó. Gustavo
le señaló donde yo me encontraba. Él se dirigió hacia mí. Me dio
un beso y nos tomamos una foto. Me sentí levitar, hacía mucho
tiempo que no experimentaba esa sensación de cosquilleo en el
estómago. La verdad me resultó una noche de película.
Seguí yendo al
estadio. Fui a un partido clásico y alenté a Peñarol. Los
siguientes encuentros decidí hacerle caso a mi corazón y desde allí
soy hincha de Nacional con todas mis fuerzas.
Asistimos a la
liguilla pre Libertadores y para uno de esos partidos, se me ocurrió
regalarle a Ricardo una cadena con una medalla de Jesucristo que yo
usaba hacía bastante tiempo. Concluyó el partido y fui a verlo con
mi regalo. Cuando nos íbamos, a Gustavo se le escaparon unas
palabras.
- A ver si aflojás
una camiseta… – le dijo al blondo.
Canals tenía novia,
se iba a casar en breve. Yo que estaba poco menos que loca por el
rubio, seguía todos los programas futboleros, grababa cada imagen
donde él aparecía, guardaba recortes de diarios con su foto, piraba
mal. Llegué hasta a grabar escenas de su casamiento.
Cuando Nacional
salió campeón de la Liguilla, ya empezando el año 1994, al final
de un partido, Canals subió a mi camioneta y amablemente sacó de su
bolso la camiseta N° 6 con la que había jugado y me la obsequió.
Yo volaba de la alegría, el bombón no podía ser más dulce y más
lindo tampoco. Y bueno, mi objetivo estaba cumplido, no esperaba más.
Continué yendo a
alentar a Nacional. Íbamos con Luis, con quien nos hicimos muy
buenos amigos. Luis empezó a manejar mi camioneta. Era tanta la
compatibilidad que nos unía que llegamos a ser casi inseparables. Él
había terminado su relación con su novia.
Luego Canals fue
transferido a un equipo en Argentina, ya allí le perdí el rastro.
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