23/4/20

CAPÍTULO LV “NUEVAMENTE URUGUAY”


Luego de un prolongado viaje con varias escalas, llegamos a nuestra Pacha Mama. Muy diferente me resultó todo en nuestra tierra. Entre los rostros que recuerdo nítidamente en el aeropuerto estaba el de Luis, quien amigablemente me fue a recibir. Cargamos nuestros bártulos en la camioneta de un amigo, que también generosamente concurrió a ayudarnos, y nos dirigimos rumbo a casa. Una vez en nuestro barrio, nos percatamos de que el respaldo y el almohadón de mi nueva silla no habían llegado junto con nuestro equipaje. Entonces hubo que comunicarse con la empresa Varig para rastrear el paradero de mis artículos.
A los pocos días, retomé mis clases en el liceo. El invierno había venido con todo, un frío impresionante. Esas temperaturas ayudaron a que mi salud se viera afectada. Comencé a hacer fiebre. Me diagnosticaron una neumopatía. Antibióticos y un tiempo sin salir de casa. El año de estudios quedó en suspenso.
Algo importantísimo que pasó ese año 1993 fue que mis padres me compraron una camioneta. Para lograr este objetivo, vendieron la casa de San Luis. Con el vehículo sería un tanto más libre. Por aquel entonces quien la conducía era Guillermo, con quien retomé relaciones luego de aquella sentencia tan severa que dicté en su momento.
Mi cumpleaños número diecinueve lo pasé en mi cama. Recuerdo la visita de mis amigos y familiares, pero una en particular. Luis me hizo un regalo que me resultó por demás dulce: Un cuadrito con un mensaje detrás que versaba "Feliz Cumple. Tu amigo Luis".



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