Volví
a mi vida habitual. Me reencontré con mis amigos, los pocos que me
había permitido alojar en mi nueva vida, Alejandra, Gabriel, El Oso
y pocos más. Con Alejandra comencé a sentir algo peculiar, lo cual
analizándolo en perspectiva totalmente alejada cronológicamente de
aquel momento, puede haberse debido a una percepción equivocada de
mi parte. Durante quince años yo había sido un ser totalmente
"normal" (ateniéndose a la estupidez paramétrica de lo
considerado dentro de condiciones standard de salud, belleza,
simpatía, inteligencia, etc.), quien no encajó en esos cánones
desde que nació había sido Ale. Ella nació con una discapacidad
importante a nivel de miembros inferiores, lo cual le dificultaba
caminar. A pesar de ese obstáculo en su vida, ella se las ingenió
para llevar una vida común y corriente, no excluyéndose de ninguna
actividad. Yo la conocía desde los cuatro o cinco años a Ale, así
que para mí ella era una persona como cualquier otro amigo de mi
edad, nunca tuve ningún cuidado especial para con ella. Nuestra
amistad se había afianzado en la adolescencia, cuando nos
convertimos en inseparables amigas. Pero en esa etapa fue donde
comenzaron también a acentuarse nuestras diferencias, yo notaba que
mi amiga no atraía a los chicos en la misma medida en la que yo lo
hacía. Yo podía usar prendas que a ella no se le veían bien o que
definitivamente descartaba usar. Debido a todo esto, comencé a notar
cierto dejo de celos o pequeña envidia por parte de Ale. Al
principio no me di cuenta, pero cuando comencé a percibir acciones
tales como imitar mi forma de vestir o emular determinadas actitudes
que yo tenía, me hizo click la cabeza y me di cuenta que algo se
alejaba de lo común. Hubo momentos en que llegué a ofuscarme
realmente, nunca se lo planteé concretamente pero me agarraba unas
rabietas que me hacían un daño terrible. La cosa es que quien
siempre precisó de mi ayuda, físicamente hablando, había sido
ella. Luego cayó mi accidente, el cual me ubicó en una posición
totalmente vulnerable ante Ale, yo necesitaba mucha más ayuda de la
que ella podría haber necesitado en toda su vida. Conclusión, yo
comencé a tener la sensación de que mi amiga pretendía hacerme
sentir más discapacitada de lo que en realidad yo me encontraba.
Expresiones tales como: Te alcanzo esto..., o te ayudo con aquello,
sin yo pedir absolutamente nada, empezaron a rechinar en mis oídos.
Debido a esto y totalmente de mi parte, sin mediar aclaración alguna
sobre lo que yo estaba sintiendo, nuestra amistad se tornó ácida y
sin brillo. Así se comenzó a deshilachar nuestro fraternal vínculo
hasta deshacerse. Extrañé muchísimo mis encuentros con Ale,
aquella conexión existente entre nosotras, la risotada que surgía
espontáneamente. Pero lo decidí así y así quedó. Sólo "holas"
cruzamos de ahí en más.
Sin
embargo, mi relación con Gabriel y El Oso fue tan diferente. Nos
hicimos muy amigos. Me visitaban con mucha asiduidad y con la misma
asiduidad pasamos momentos formidables. Venían a casa y
conversábamos hasta altas horas de la madrugada, veíamos alguna
película rentada, jugábamos a algo, hiciéramos lo que hiciéramos
nos divertíamos un mundo. Se respiraba comodidad con ellos.
Con
quien retomé relación nuevamente fue con Luis, mi profesor de
materias de secundaria. Volví a tomar clases, esta vez de física
que era una de las materias que me quedaba pendiente. Aprender con él
era totalmente disfrutable, explicaba los temas con una claridad
impresionante. Además de ser buen educador, Luis era una persona de
níveos sentimientos y valores humanos que tenía bien definidos.
Recuerdo un día, que él pasó por casa a alcanzarme un libro y lo
acompañó su novia. Me presentó a Alejandra, una chica que se me
hace era gordita, de ojos claros que tenían un estravismo notorio,
cabello castaño ondulado. Yo ya la conocía de vista, ella fue amiga
de mi ex amiga Tania, la chica tenía mi misma edad. La saludé con
un "Hola, qué tal?" y más nada. La actitud de Luis me
resultó linda al presentarme a su chica.
Historia
fue una materia que abordé por cuenta propia. Me encantó el temario
de cuarto año. Estudiarla fue una pasada, me resultó tan agradable
como leer un cuento. En definitiva, me fue muy bien rindiendo
Historia y Física. Sólo me restaba hincarle el diente a Astronomía
para finiquitar cuarto año. Pero Astronomía la fui relegando no sé
por qué razón, creo que le temía basada en ningún fundamento. El
estudio seguía siendo mi fuerte. A esa actividad me aferré para
insertarme nuevamente en una sociedad que había dejado de lado por
un lapso de casi dos años. Me inscribí para comenzar el quinto año
científico que había abandonado cuando viajé a San Pablo. Esta vez
cursaría las materias en el liceo No. 10. Un placer, ya que todas
las instalaciones estaban en planta baja.
Otro
ser que parecía querer seguir aferrado a mi historia fue Gerardo. Me
llamó una tarde para preguntarme si podía visitarme. Mi respuesta
era vista, acepté de total agrado. Así ocurrió que una tarde de
otoño, el dulce joven llegó a casa y como siempre había sucedido
con él, me obsequió su dulzura. Fuimos a dar un paseo por el Parque
Rivera, mis padres nos acompañaron. Gerardo parecía haber
comprendido el hecho de mi necesidad de ser tan sólo y nada menos
que buenos amigos. A mí me dejó en paz esa idea.
Gente
de otros tiempos benévolos y pasados se quiso hacer presente en mi
casa una tardecita. Golpearon a mi puerta y mamá entró a mi
habitación con la noticia de que tenía visita. Lo más inesperado
fue escuchar el nombre de una de esas personas. Gabriel había
llegado acompañado por José. Fue rara la sensación que tuve.
Volver a ver a José no era algo que me sedujera demasiado y menos en
la condición en la cual yo me encontraba, pero bueno, me armé de
valor, me levanté e hice frente a la situación planteada. Aparecí
en el comedor y saludé a los chicos. José estaba exactamente igual
que cuando rompí mi relación con él, seguía siendo el apuesto y
humilde joven que yo abandonara. La que me sentía un adefesio fui yo
frente a él. De todas maneras, aquel encuentro no fue algo que me
hizo daño, no sentí ni agrado ni desagrado en ese momento. Jugamos
a un juego de caja que se basaba en la mímica. Nada trascendental,
nada que hubiera quedado en el olvido tampoco. Sólo que no me sentí
lo atractiva que me hubiera gustado haber estado. Después de ese
día, mi vida volvió a encontrarse con la de José en una sola
oportunidad. Fue una tarde mientras yo paseaba por el parque con mi
padre, después de ese día, cero noticia de la vida de este chico.
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