9/9/16

CAPÍTULO XXVI. “LA VIDA CONTINÚA…”

Mi resistencia a la vida, padeciendo una cuadriplegia, fue cediendo y me permití comenzar a descubrir, de a poco y sin mucho entusiasmo, lo que deparaba a mi existencia. Sin abandonar el pasado y dejando que el futuro, sin apuro, deviniera en presente.
Entre las cosas más importantes que ocurrieron, estuvo mi acercamiento a la silla de ruedas. Eso me abrió horizontes, me brindó la posibilidad de alcanzar lugares que trascendieran los límites de los edificios. Una de las primeras salidas fue a una plaza cerca de la casa de la abuela. Aunque la esquina hubiese sido el destino, de todas formas me habría resultado interesante. Después de varios meses sin disfrutar del aire libre con una perspectiva como la obtenida desde la silla, todo parecía nuevo, las personas, los animales, las plantas, el cielo volvían a deleitar mi vista, en fin, mis sentidos cobraron una nueva vida. Era invierno, estaba fresco, pero la brisa que acariciaba mi rostro me daba una sensación de exquisita libertad. Mi madre manejaba la silla, me acompañaban Magel, Adrián y no recuerdo si mi hermana estaba. Magel aprovechó el momento y sacó unas fotos. Valió la pena dejar a un lado el enojo y permitirme el disfrute de una adorable tarde invernal.
Mis brazos unidos a mis manos me daban posibilidades que eran inimaginables dado el grado de inmovilidad que presentaban. Cuando gozaba de plenas facultades físicas, yo confeccionaba unas pulseras con hilos de bordar, en un periquete terminaba una y podía dar comienzo a otra nudo tras nudo. Se ve que mi cerebro mantenía intactos los conocimientos adquiridos durante quince años, porque las órdenes que les enviaba a mis miembros superiores daban resultado pese al remanente motriz. Se me daba con una facilidad increíble el realizar aquellas artesanías, ya no las hilaba en un periquete pero me defendía en buena forma. Siempre me encantó la creación de manualidades y como mi vida se había convertido mayormente en una tediosa telaraña, las pulseras me generaban un escape transitorio. La primera obra que terminé combinaba el rojo con el azul y también fue para mi padre, la segunda se la regalé a Indara y también Magel recibió una.

 Muy entretenida estaba yo anudando hilos, cuando advertí que los posabrazos de la silla entorpecían mi trabajo. Solicité que los retiraran, y así fue. Así fue como también sin casi percibirlo, mi tronco empezó peligrosamente a inclinarse hacia un lado. Dado que el equilibrio que yo tenía en mi cuerpo brillaba por su ausencia..., sólo alcancé a gritar un tímido: Ayyyy. En un abrir y cerrar de ojos me fui cayendo, perdida en la desesperación de no poder contrarrestar la caída. Me sentí un bolsón de papas, boniatos o rabanitos, la impotencia me colmó. Pensé en el instante que tardé en alcanzar el piso: Ahora sí que la quedo, me hago mierda. Mi cabeza golpeó con fuerza contra el piso y sentí retumbar los huesos de mi cráneo.
- ¡Ayyy, mi amor! –dijo mi madre prácticamente volcándose al suelo para intentar socorrerme.
Fue más el susto que el daño causado por el golpe. No existieron traumas aparentes, ni la cabeza me quedó doliendo. Una vez más la vida quiso adherirse rabiosamente a mí espantando la muerte.
Paulatinamente la situación aparentaba mejorar. Empecé a manejarme sola para comer con el uso de una cuchara. El hecho de haber comenzado a escribir y hacer las pulseras fue un gran avance. Basándose en esos progresos, una señora que profesaba el umbandismo vaticinó:"Dieva el año que viene, para el día de Iemanjá ya va a estar caminando". Poco creí en su alentador augurio pero quedó implantado en mi base de datos.
La buena suerte se nos hacía esquiva. Mediante un llamado telefónico nos llego otra mala noticia: Mi padre había sufrido un accidente con la moto. Resultó ser que se fracturó tibia y peroné. Al menos la desgracia no pasó de la fractura.
No faltaba mucho para que pudiéramos mudarnos a la que pasaría a ser nuestra casa. Me hacía la idea de que me resultaría raro retornar a mi barrio sin poder caminar. En realidad todo me resultaba extraño al no poder moverme normalmente, todo me seguiría pareciendo anormal.




3 comentarios:

  1. Nestor9/9/16

    Incorporare cada frase a mi vida, intentare poner tu manera de ver las cosas en loquer haga. No puedo sentir igual que tu, tu si puedes hacerlo conmigo. Prometo que en cada salida a la montaña en bicicleta o andando, estaras tu motivandome.

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  2. Gracias Néstor por tu comentario! Y todos sentimos diferente de acuerdo a la etapa que estemos transitando. Me alegra muchísimo tenerte por acá. Abrazo.

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  3. Gracias Néstor por tu comentario! Y todos sentimos diferente de acuerdo a la etapa que estemos transitando. Me alegra muchísimo tenerte por acá. Abrazo.

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