Yo sentía que el tiempo transcurría y que me estaba perdiendo de vivir etapas en mi existencia. Sentía que mi condición física me dejaba relegada de muchas actividades. Era como ver mi vida desde afuera de mi cuerpo, se divisaba desde una perspectiva lejana. Más que nada ésto me lo dejaba ver Indara, es decir yo me daba cuenta a través de las instancias que mi hermana iba viviendo y quemando. La veía crecer y se me hacía difícil creer que aquella adolescente preciosa en la que mi adorada hermana se había convertido, hubiera sido alguna vez la nenita chiquita casi sin cabello que fue como hasta los tres años. Ya tenía novio, salía a bailar, etc., etc., etc. Además yo notaba que los adolescentes de esa época eran "Concordes" al compararlos con las carretas que éramos nosotros.
Otra idea que me perseguía era la de pensar en la reversibilidad de mi lesión. Nada tan grave y que no tuviera vuelta atrás me había ocurrido nunca. Recordaba mi afección renal a los once años y como se desdibujó con el tiempo. También venía a mi mente una contractura que tuve en mi cuello, pero aplicándole la lámpara infrarroja al otro día estaba como nueva. Pero la lesión medular no retrocedía, no aflojaba bajo ningún tratamiento, lograba avances sí, pero nada de volver a mi estado anterior al 14 de enero de 1990.
La visión de Flavio jugaba a las escondidas en mi memoria, a veces aparecía nítido, otras veces se esfumaba su imagen. Un día se me representó clarísimo su recuerdo en mi mente y con una incontinencia de tinta y acuarelas vertí mis sentimientos en un papel...
Hacía mucho tiempo que no tenía noticias de este chico. A veces el pasado me llamaba a querer recuperar etapas viejas, etapas que debían quedar sepultadas con el único fin de evitar lastimarme. Pero la nostalgia me pudo, me dejé arrastrar por ella, la tomé de la mano y la ingrata me propuso una idea. ¿Qué idea?, pues ya verán. Quise que Flavio tuviera la edición original de ese momento de arrebato. ¿Qué hice para concretar mi locura? Llamé a Agustina, con quien había retomado contacto, y le pedí que se dirigiera a casa del chico en cuestión para entregarle un sobre cerrado que deposité en sus manos. Agustina, sin titubear, accedió a mi petición. Así llegó a poder de Flavio mi creación.
Pasaron varios días luego de que Agustina fuera a casa de Flavio, y me llamó la atención que él no me hubiera llamado para comentarme algo sobre mi regalo. Dejé que transcurrieran algunos días más y me decidí a llamarlo.
- Hola – dijeron al levantar el tubo.
- Hola Flavio, habla Dieva – anuncié.
- Dievi. ¿Cómo estás?, que sorpresa – me dijo.
- Bien. ¿Vos qué tal? - pregunté.
- Más o menos – respondió.
- ¿Recibiste lo que te mandé? - inquirí.
- ¿Lo que me mandaste? - preguntó confuso - Ahhh, si, claro...
- ¿Te gustó? - dije.
- Si, me encantó – aclaró – No llamé para agradecerte porque hace un mes que falleció mi madre.
- Pahhhhh, no sabía nada – dije apesadumbrada – ¿Qué le pasó?
- Fue todo muy rápido – amplió – Hizo un infarto cerebral, estuvo unos días internada en el Panamericano y murió.
- Me dejás sin palabras – musité.
- Si, es bravo – comentó.
Hablamos unos minutos más y nos despedimos con un "Nos vemos" que se esfumó y no se materializó de su parte nunca.

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