Debido a que la movilidad de mis brazos era
bastante buena, me sugirieron la posibilidad de realizar una cirugía que
mejorara la funcionalidad de mis miembros superiores. Se trataba de un cambio
de lugar de ciertos tendones. La idea no me seducía en lo absoluto. Mis padres
consiguieron el nombre de un neurólogo que tal parecía era una eminencia. Ellos
decidieron consultar primero con este doctor antes de aconsejarme efectuar la
operación. El procedimiento me permitiría poder empujar mi silla de ruedas en un
plano empinado, lograr transferirme sin asistencia desde mi silla hacia una
cama y viceversa. Mamá concertó una cita con este médico. Ruben, el uruguayo
que estaba estudiando en la AACD, la acompañó. El consejo del neurólogo fue que
debía aguardar antes de someterme a la cirugía propuesta debido a que mi lesión
era considerada reciente, llevaba un año y medio de evolución.
Se avecinaba mi cumpleaños número
diecisiete y con ello la alegría que generaba en mí la cercanía de esa fecha.
Ese año sería un sábado. Nunca había pasado mi cumpleaños lejos de mi hogar,
alejada de mi familia, de mis amigos. El viernes previo teníamos curso de
lesión medular y asistimos religiosamente. Al finalizar el encuentro, noté que
Serginho se dirigía hacia donde yo me encontraba. Cargaba un paquete y me hizo
entrega del mismo diciéndome: Parabens! Me alegré sobremanera al constatar que
tuvieron en cuenta ese momento tan especial para mí. Después me regalaron una
torta hermosa de chocolate. El paquete contenía un león de peluche adorable. Me
obsequiaron la tradicional canción de Feliz Cumpleaños en portugués y más los
quise por eso.
El sábado del 20 de julio amaneció hermoso
y reluciente. El día me regaló un sol sonriente. Mamá me obsequió un equipo
deportivo y una camisa de jean. A la tarde, iríamos para la casa de Estela. En
casa de Estela tenían todo preparado para hacer un típico asado uruguayo. Que
nostalgia sentía de mi tierra, de mi paisito. Presente ya el atardecer, cayeron
mis nuevos amigos, Ruben, Carlitos, Diego, la chica que me asistía en Terapia
Ocupacional. A través del teléfono recibí saludos desde Uruguay. Hablé con
papá, con Indara y con la abuela, se extrañaba no estar en casa. El asado
resultó una delicia, la reunión fue totalmente disfrutable. Tuve muchos regalos
materiales, pero lo que más rescataba y valoraba era el cariño genuino que se
generaba a mi alrededor, comencé a creerme merecedora de tanto amor y lo mejor
fue que empecé a quererme tal cual la vida me iba dejando ser.
Dieva, muy bueno este capítulo, me gusta mucho tu narrativa, es muy fluida y transmite sentimientos, lo cual es muy valorable. También muy necesario compartir experiencias y mostrar los matices de todo lo vivido.
ResponderEliminarMuchísimas gracias! Y agradezco que sigan el blog y más aún la comunicación con ustedes! Saludos.
EliminarUn placer como siempre es leerte Dieva
ResponderEliminarGracias Victoria! Siempre bienvenida! Beso.
EliminarHermoso tu relato y seguramente un cumpleaños muy diferente en el que como tu dices....comenzaste a quererte tal cual como la vida te dejaba ser , besos
ResponderEliminarHermoso tu relato y seguramente un cumpleaños muy diferente en el que como tu dices....comenzaste a quererte tal cual como la vida te dejaba ser , besos
ResponderEliminarGracias Elda! Cuando empezamos a querernos la vida cambia completamente hacia la sintonía en positivo. Me encantan tus devoluciones! Beso.
Eliminar