20/12/16

CAPÍTULO XXXII. BATALLAS PERDIDAS.


Ya era un hecho mi viaje a un centro de rehabilitación en San Pablo, Brasil. Mis padres habían habilitado una cuenta en un banco, para que quien quisiera pudiera colaborar monetariamente con mi rehabilitación. También se confeccionaron bonos colaboración, recuerdo que Gabriel se ocupó de vender muchos de ellos. Eso me generaba grandes expectativas, primero viajar que es algo que me encanta y luego eso de la rehabilitación que me mantenía ansiosa por saber de qué se trataba.

Cierto día, unos recuerdos rondaron mi cabeza, Diego estaba incluido en ellos. Apelé a mi memoria para recuperar el número telefónico de Miguel. Cuando lo recordé, marqué el número para jugar con el destino.

- Hola, ¿podría hablar con Miguel? – pregunté.
- Si, un momento – me respondieron.
- Hola – dijo una voz masculina.
- Hola, ¿Miguel? – pregunté.
- Si, ¿quién habla? – dijo él.
- A ver... Te dejo que adivines – generé la duda.

Después de dos o tres datos que le proporcioné, dio en el blanco de mi identidad.

- ¿Cómo estás? Que linda sorpresa – dijo dulcemente.
- Bien, acá retomando contacto – respondí.

Así conversamos un rato hasta que Diego se mechó en nuestro diálogo.

- ¿Qué sabés de Diego? – inquirí.
- Le pusieron teléfono, si querés te doy el número – comentó.
- Bueno – acepté.

Al hacerme con el número de Diego, enseguida lo llamé. La voz del morocho seguía siendo de lo más sexy, muy varonil. Nos pusimos al día con nuestras vidas hasta que nos fuimos por el camino de mi cumpleaños de quince.

- Lo único que no me gustó de tu cumpleaños fue que no pude bailar lento contigo – se animó a decir.
- Ah, mirá...- dije yo encantada con su comentario.
- Si querés dame tu nueva dirección así te voy a ver – me dijo.
- Si, anotá...- le pasé los datos sin dudar.
- Cuando vaya podés alquilar un video... – me sugirió unos títulos de películas que no captaban mi interés pero igual me mostré motivada frente a sus sugerencias – Mirá, este domingo puedo ir, ¿vos podés? – preguntó.
- Si, creo que no hay problema – dije.
- Bueno, entonces el domingo de tarde voy por tu casa, después de las seis – aseveró.
- Bien, entonces nos vemos, te mando un beso – lo despedí.

La intención de Diego de venir a casa me resultó limpia, sincera y totalmente creíble. La sensación de las mariposas revoloteando en mi vientre volvió a hacerse presente. Diego generaba cierta ansiedad en mí y permaneció dando vueltas en los recovecos de mi cerebro toda la semana.

El domingo de tardecita me acicalé para recibir a Diego. Me senté en mi sillón junto a la ventana y me dispuse a esperarlo. Las horas pasaron y él nunca llegó, la desilusión me colmó. Seguía confirmándose la teoría de que me tendría que acostumbrar a jugar con nuevas reglas, que yo ya no atraía a los chicos en la misma forma que antes y eso erosionaba mi ego, mi autoestima había sido pisoteada. El ingrato de Diego no fue capaz de, como mínimo, hacer un llamado para disculpar su desplante. Me quedé mirando hacia afuera esperando nada, mirando sin ver, aguardando por una explicación que sólo con el paso del tiempo podría llegar.

Mi nostalgia me condujo a el rubio de mi verano, quién más sino Ricardo. Logré averiguar que también contaba con teléfono en su casa y de él me abracé para contactarlo. Charlamos un rato, me contó que se enteró de mi malograda peripecia en San Luis a través de Gerardo.

- Si querés, podés venir a visitarme – le ofrecí mi ser con esa estúpida frase.
- Sabés que no, prefiero recordarte como eras – me dijo y sentí como si algo punzante se incrustara en mi pecho.

La sensación que tuve fue como la de estar muerta y que Ricardo quisiera recordarme en vida. Otro rebote contra un muro de hormigón. En un corto lapso había sido despreciada dos veces. Igualmente seguimos hablando y él me dio el número telefónico de su abuela por si quería llamarlo y no lo encontraba en su casa. Ricardo seguía provocando lo mismo que siempre provocó en mí, alertar todos mis sentidos generando unas ganas desesperantes de tenerlo a mi lado. Extrañar el pasado, eso era con lo que se enredaba mi cabeza, añoranzas de vivencias que no podría recuperar más que por evocación.

Llegó febrero y de aquel augurio hermoso que me profesó la señora umbandista, eso de volver a caminar, nada, ni cerca de llegar. Vaticinio umbandista que sirvió para pegar en mí el gran rechazo que hasta hoy sigo sintiendo hacia ese colectivo.

En febrero me ocupé de otra tanda de exámenes y salí victoriosa. Eran las únicas batallas que iba ganando, porque la que trataba de librar contra la depresión la perdía por paliza, mi batalla en el campo amoroso acaecía con derrotas repetitivas, mi vida era una guerra con pocas victorias.

Seguí descartando gente de mi vida, lo que me propulsaba era la ira junto con la incomprensión. Se habían congregado en mi casa Daniel, Ramón, Gustavo, Guillermo y alguna otra gente con la que otrora compartí gratos momentos. Disparé de una contra todos ellos.

- ¿A ustedes les parece que esto es una amistad? – les pregunté sin necesitar respuesta – Yo los veo pasar a lo lejos divirtiéndose y ni se acuerdan que yo estoy acá. Antes estaba todo bárbaro cuando podía ir de acá para allá con ustedes, pero ahora que se complicó la cosa, ya no les sirvo como amiga.

Me quedaron observando absortos, ni podían haberse imaginado que yo saldría con semejante perorata. No tenían argumento válido para rebatir mi bronca puesta en palabras de decepción. Como no tenía más nada que aclarar y ellos quedaron sin habla,


14 comentarios:

  1. Que dolor Dieva! ese sentimiento de que las personas se descartan, o te descartan....

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  2. Lo voy a leer, luego comento, pinta muy bien!

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    1. Buenísimo! Espero el comentario...

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    2. Buenísimo! Espero el comentario...

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  3. Dieva es increible como leyendo volvi a recordar esos dolorosos momentos que hacian de tu vida una tristeza continua al igual que ese.muro infranqueable que habias construido para no ser lastimada . Un beso precioso

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    1. Anita linda! Mira que vivimos cosas lindas y cosas horribles juntas eh. Siempre estás en mi corazón, tú y Gustavo. Muy inteligente comentario. Gracias! Beso enorme.

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    2. Anita linda! Mira que vivimos cosas lindas y cosas horribles juntas eh. Siempre estás en mi corazón, tú y Gustavo. Muy inteligente comentario. Gracias! Beso enorme.

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  4. Difícil vivir "una guerra con pocas victorias"; pero seguiste adelante, eso es lo que vale! Te admiro

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    1. Divina Raquel siempre! Pero como dice Ana, en el comentario anterior, tuve que salvarme a mí misma con una coraza infranqueable. Beso grande.

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  5. Es probable que no pensaran realmente lo que decian, ese "prefiero recordarte.." es un marronazo directo al corazon, hay que ser muy fuerte para levantarse y seguir adelante. Es un filtro brutal que solo los amigos del alma superan, me hubiese encantado ser tu amigo en ese entonces, y por supuesto tambien ahora. BESOTE.

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    1. Gracias César por dejar siempre tan sanadores comentarios! En aquel entonces quizás hasta te borrara de mi vida, jajaja. Soy más tolerante al estar veterana, je. Abrazo inmenso!

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  6. pd. Me olvide de firmar!. Cesar :)

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  7. Fue duro en aquel momento Vivi, pero viéndolo con la perspectiva que te da el paso del tiempo, es totalmente comprensible. No sé si totalmente comprensible, pero como mínimo comprensible. Te quiero Vivi!

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    1. Claro que es totalmente comprensible! Te quiero Dieva!

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