Cierto
día tuve que salir más allá de los límites de mi internación para que se me
practicara un estudio clínico. Mi desplazamiento seguía siendo en forma
horizontal. Esa nueva experiencia había logrado cambiar mi humor, de amargo
pasó a endulzarse un poco. Lo que engolosinó mi vista fue el médico que me
recibió. Hacía un par de meses que un hombre no captaba mi interés de la manera
en la que el Dr. Clavijo lo hizo, ese sentimiento había permanecido dormido.
Era un tipo joven y simpático.
- Dieva –
le contesté.
- ¿Qué
edad tenés? - continuó.
- Quince.
¿Y vos? – aproveché para sondear.
- 27 – me
dijo.
Recibí la
noticia de que en poco tiempo podría irme de alta. Ni mucho ruido ni pocas
nueces, mi reacción fue de total apatía. Mis padres comenzaron los preparativos
para poder dejar el hospital. Dado que nuestro apartamento se ubicaba en un
primer piso y el único medio de acceder a él era a través de escaleras, habría
que buscar otra morada. La solución momentánea fue mudarnos a casa de mi abuela
Renée, donde podríamos habitar en planta baja.
Se
consiguió intercambiar nuestro apartamento con el de una vecina cuya casa se
encontraba al frente de las viviendas. Este apartamento habría de ser
reacondicionado ya que las condiciones en las que había sido dejado no eran las
deseadas. A mis oídos llegaban muchos cuentos referidos a la mudanza de
nuestras pertenencias hacia lo que sería nuestro nuevo hogar. Gran cantidad de
gente colaboró con la obra, entre ellos vecinos, mi tío Carlos, el primo
Álvaro. Recuerdo con nitidez cuando me contaron del traslado del lavarropas y
mi mente viajó también a colaborar en el transporte del pesado artefacto.
Recibí la
visita de un hermano de mi abuela Olga, el tal Anatole Santos. Señor bastante
adinerado éste, su familia se dedicaba a la explotación de terrenos sembrados
de arroz en el departamento de Rocha. Durante mi infancia, pasamos unos días en
la casa de este señor y su familia. Para mi cumpleaños de quince me habían
obsequiado dinero. Hasta el momento el señor contaba con mi simpatía. Él
permaneció de pie junto a mi lecho y en un momento nos quedamos solos. Me
miraba con un dejo de compasión y hablamos un poco menos que poquito.
- ¡Qué
cruz que te tocó llevar! – exclamó refiriéndose a mi estado de salud.
Lo
realmente lastimoso fue la expresión en su rostro, la lástima que reflejó. Lo
odié por su comentario, lo odié por su lástima para conmigo, lo odié, lo odié y
lo odié con todas mis fuerzas y sin emitir palabras. Me hizo sentir un despojo
humano.
Totalmente
opuesta fue la sensación que me dejó el encuentro que tuve con Lito, un hermano
de mi abuelo Juan, el día que me iba de alta. Señor este que colaboraría con el
traslado de nuestro campamento instalado en el hospital hacia la casa de mi
abuela Renée. A nuestros bártulos debía sumársele una cama articulada a control
remoto que con toda solidaridad nos había cedido el Dr. Ni Vivó por el lapso
que yo la necesitara. Como el tío Lito era dueño de un camión, se había
ofrecido para ayudarnos con la mudanza.
- Vas a
ver que el año que viene ya vas a estar de nuevo caminando por la playa – dijo
Lito.
Como
provenientes de una película, las imágenes se proyectaron en mi mente. Me
visualizaba caminando por la orilla del agua con un largo vestido blanco. Sus
palabras me inyectaron un gramo de esperanza que no me venía nada mal.
Por fin
llegó el día de afrontar la vida fuera de sanatorios y hospitales. La casa de
la abuela René era el destino, casa esta que supe disfrutar en mi infancia
jugando con mis primos. El barrio era una delicia, la tranquilidad se dejaba
respirar. Nos adentrábamos en un invierno que iba dejando atrás el trágico
verano y el tímido otoño.
Bue.. en este capitulo "amarreteaste" jajaja parece el prólogo de un gran libro, ya queremos comenzar a leerlo! :) ´pd- Nunca te dio por jugar ajedrez? Es una buena forma de aporrear gente sin que tengas que moverte! jaja. Slds. César.
ResponderEliminarJaja. No, nunca me llamó el ajedrez. Buenísimo tu comentario! Abrazo.
EliminarTe ayudo a darle una golpiza al tío Anatole?
ResponderEliminarEl comentario anterior es del "César" de tu etapa adolescente?
Jaja. Ya es finado el señor Anatole. Nunca más lo vi luego de aquel día y gracias a Dios.
EliminarNo Raquel, este César no es mi primo. Gracias por leerme siempre! Beso.
Hola Dieva, te cuento que estuve en la Jornada de Buenas Prácticas en la Facultad de Psicología. Entré a tu blog y me enganché, me gusta mucho. Espero los siguientes capítulos. Un beso!
ResponderEliminarMaría Eugenia.
Qué tal María Eugenia? Excelente jornada la vivida el 30 de julio, fue un placer compartir experiencias con ustedes. Me alegra muchísimo tenerte en este espacio. Cualquier pregunta, comentario o sugerencia es bienvenido. Gracias!!! Beso.
EliminarP.D.: Es inminente la publicación del CAPÍTULO XXIV.