Hubo otra persona que se brindó a mí por entero durante
aquel hastío. Me divertía muchísimo con mi tío Héctor. Pasó su mes de licencia
internado, prácticamente, acompañándonos y el resto del tiempo que estuve
internada, me visitó a diario. Él me había regalado un montón de joyas que le
pertenecían debido a una promesa realizada con respecto a mi salud. Cualquier
tipo de artilugio era válido para él con tal de que yo me divirtiera. Era una
especie de "Patch Adams" personal. También con él nos tomábamos las
sopas de letras. La práctica que bautizamos "La Ballena ", era una de
mis preferidas. Se preguntarán qué era "La Ballena ", una cosa
tan simple como que yo bebiera un sorbo de agua y luego lo expulsara hacia arriba
como si fuera una fuente. Mi rostro quedaba empapado, pero eso era lo que menos
importaba si, por un ratito, huía de la autocompasión, la tristeza, la
impotencia, la rabia, la…Todos esos sentimientos que me estaban devorando.
También le hice pasar momentos amargos. Durante una sesión de fisioterapia, el
ahogo dentro de mi ser me desesperó y no tuve otra mejor ocurrencia que
llevarme el dedo índice de mi mano derecha a mi boca. Me ensañé con mi propio
dedo, buscando el alivio que recibí al morder el dedo de la pobre enfermera a
la que mandé a suturar en Impasa. Mi tío, mi madre y el fornido fisioterapeuta
intentaron hacerme aflojar mi mordida, pero no fue hasta el momento en que
introdujeron una pequeña pinza en mi boca cuando me auto liberé. Casi me destrozo
una falange, y lo único que obtuve fue un dedo ensangrentado más un incisivo
con un pequeño trozo menos. De paz ni hablemos, mi ser estaba en continua
guerra.
El médico
angelical encargado de mi caso, Nin Vivó, se apareció una noche a visitarme.
Para mi sorpresa no vino solo, lo acompañaba un señor que caminaba apoyándose
en un bastón.
·
¿Cómo estás? - me
saludó el calvo doctor.
·
Más o menos - respondí
con más expresión de menos que de más.
·
Él es un paciente mío.
Hace unos años tuvo un accidente parecido al tuyo - comenzó a contarme la
historia del señor - Se zambulló y golpeó contra un tronco. Yo también lo operé
como a vos.
Yo
escuchaba atentamente. Luego mi colega de accidente tomó participación en el
diálogo y comenzó a contarme como lentamente se fue recuperando. Al mes comenzó
a mover los dedos de la mano y así fue dándome los tiempos que le insumió
llegar al verano de 1990 en la condición física que se encontraba. Mis
pensamientos se mezclaban entre la esperanza de recuperarme como él y la envidia
de no estar parada ya.
A los
pocos días, me presentaron una propuesta sugerida por Nin Vivó. Me consultaron
si quería ser trasladada al Hospital Pereira Rossell. Resulta que allí, podría
contar con una camilla de bipedestación, con la cual mi cuerpo podría ir
acostumbrándose, nuevamente, a la posición vertical. Yo no lo pensé dos veces,
con camilla o no, cualquier cosa me servía con tal de probar salir de aquella
habitación que me ahogaba. Así marchamos para el hospital. Todo me resultaba
muy extraño, desde la perspectiva que podía divisar los lugares que atravesaba.
Sólo alcanzaba a ver el cielo, los techos y apenas hacia ambos lados. La nueva
habitación era enorme y llena de camas. Me instalaron cerca de una ventana. El
mundo real se me hizo más cercano en aquel lugar. Nuevas flores enviadas por el
pastor Holland me aguardaban.
Durante
los primeros días de permanencia en el hospital, seguí haciendo fiebre y los
guantes de látex llenos de cubitos de hielo se distribuían en varias partes de
mi cuerpo. Pero hubo un alivio al darme cuenta que, al menos de noche, Morfeo
volvió a apoderarse de mí.
Nin Vivó: traumátologo de mis pies planos! No lo quería nada porque un día me rayó las piernas y los pies con lapicera para explicarle a mi madre lo que me pasaba o me podría pasar; qué bronca!
ResponderEliminarMañana ya es otro viernes; ya te abandonó Morfeo?
Últimamente somos amantes con Morfeo, ja ja. No me suelta! Ja ja ja.
EliminarÚltimamente somos amantes con Morfeo, ja ja. No me suelta! Ja ja ja.
EliminarSiempre te leo pero hasta hoy no me anime a poner un comentario. Escribes muy bien, es imposible "estar en tu lugar" pero créeme que cuando leo que por.fin podías dormir.. Sentí una partecita del.placer q tu sentiste por ese "pequeño gran triunfo". Te dejo un gran abrazote. 😊
ResponderEliminarMe gustaría conocer tu nombre.
EliminarMuchas gracias por los comentarios! La verdad que volver a dormir la noche entera fue un oasis. Saludos.
ResponderEliminarMuchas gracias por los comentarios! La verdad que volver a dormir la noche entera fue un oasis. Saludos.
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