7/12/17

CAPÍTULO XLV. “MI NUEVA AMIGA”



Mientras mi vida seguía transcurriendo en San Pablo, con ella yo seguía comiendo, encontrando un placer en esa actividad que me colmaba por entero. No advertía que con aquel vicio me estaba convirtiendo en un globo aerostático que se inflaba y se acercaba peligrosamente a la explosión. No lo advertí yo ni tampoco el equipo multidisciplinario que se hacía cargo de mi caso se percató de aconsejarme respecto al tema. Me alejaba, sin percibirlo, de la figura esbelta y grácil que me acompañara en mis quince años.
Mi rehabilitación marchaba viento en popa. Cada vez escribía y dibujaba mejor, aún haciéndolo con mi mano izquierda. Continuaba hilando pulseras, sorprendiendo a quienes me observaban llevar a cabo esa difícil tarea. Comía, me cepillaba los dientes, escribía a máquina, todo ello sin asistencia, por mis propios medios. Soportaba, sin problemas, permanecer de pie una hora por día. Le tocaba el turno a probar manejar la silla de ruedas por mí misma. Para ello existían sillas que contaban con pequeñas adaptaciones en los aros de las ruedas, adaptaciones a las que se le daba el nombre de "pinos". Los pinos permitían a las personas con limitada movilidad en las manos ejercer fuerza en ellos y así propulsar la silla.
Además de los pinos, el hecho de que las mencionadas sillas estaban realizadas, en su mayor parte, de aluminio, las hacía livianas y adecuadas para que los cuadriplégicos las movieran. Así fue que personas de la empresa encargada de comercializar esos productos, se pusieron en contacto con nosotros y nos reunimos para tomarme las medidas para construir la silla. Estaría interesante eso de trasladarse por uno mismo al menos en las superficies planas.


El día de estrenar mi nueva silla arribó. Era un artefacto mucho más pequeño que el que usara antes, de un lindo color bordeaux. Al ser más pequeña, me daba sensación de inseguridad, sentía que de un momento para otro terminaría de boca en el suelo. Sería cuestión de acostumbrarse a la nueva compañía. Con la práctica y dejando el temor a un lado, me hice muy amiga de mi radiante silla y así accedía sin ayuda a los lugares que me apetecieran dentro de lo que la infraestructura me permitía. Cada vez más disfrutaba de los momentos de independencia física que mi rehabilitación me iba brindando.

4 comentarios:

  1. Anónimo12/6/18

    Dieva, me encanta leerte.
    ¡Ojalá sigas compartiéndonos tu historia de vida!
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias! Ya sale un nuevo capítulo. Saludos.

      Eliminar
  2. María del Verdún8/8/19

    Es re lindo cómo vas valorando cada avance. Eso es lo que nos hace seguir adelante.

    ResponderEliminar
  3. ¡Muchas gracias María! Me encanta tenerte entre los seguidores de este humilde blog.
    Beso de LM a LM, je...

    ResponderEliminar