Los
regalos me llovían. Mis deseos eran casi órdenes. Lástima que lo que más
deseaba era imposible de cumplirse, tendría que seguir esperando. Me dormía
esperando que al despertar me daría cuenta que el accidente y sus consecuencias
habían sido un mal sueño. Desde que recuperé la capacidad de dormir, era en ese
estado en el que prefería estar. También retornaron mis ganas de comer.
Mi abuelo
Juan se convirtió en un asiduo visitante. Venía casi todos los días después de
mi almuerzo y me traía un pote lleno de un delicioso helado. El almuerzo casi
siempre estaba a cargo de mi abuela Olga, quien me preparaba exquisitos platos.
Mi otra abuela, Renée, me regaló un perfume de los considerados caros. Annaïs
Annaïs era la fragancia que había conocido dado que Valeria la usaba. Flavio me
regaló un muñeco que mandó hacer para mí, era un perro blanco y celeste. Más
flores y un elefantito rosa recibí de parte del pastor Holland, el cual se
enteró que los alfajores de maizena y dulce de leche eran mi devoción, y dos
por tres aparecía con un paquete con ese manjar. Cada vez que mi tío Héctor me
visitaba, me traía un nuevo broche para mi pelo. Eran tantos los broches (mi
tío adorado no sabía ya qué hacer para que yo esbozara una sonrisa) que algunos
me gustaban, otros zafaban y algunos eran abominables. Yo le decía que todos me
gustaban y ponía mi mejor cara de poker. Recuerdo nítidamente un broche, tipo
pinza, enorme, se asemejaba a la forma de un pez, de un color verde
fluorescente, nunca había visto algo tan espantoso. Hasta el día de hoy nos
reimos de ese pobre broche.
En el
Pereira conocí dos fisioterapeutas que se encargarían de mis ejercicios
matutinos. Eran dos chicas jóvenes, Silvia y María José eran sus nombres. De
lunes a viernes a las nueve de la mañana venían religiosamente a molestarme.
Digo molestarme porque yo quería dormir, dormir y más dormir. Los primeros días
contemplaron bastante mis caprichos, pero no pasó demasiado para que Silvia se
pusiera firme y casi me obligara a despertarme. Yo estaba totalmente peleada
con cualquier esfuerzo que tuviera que hacer en pro de mi rehabilitación. Cero
voluntad, máxima haraganería.
La fiebre
fue cediendo poco a poco y con ello, la realidad dejaba caer sus fichas para
dejarme entender que por más que durmiera me seguiría despertando en la misma
condición. Si no ponía una pizca de ganas de mi parte, no vendría ningún
resultado positivo.
Llegó el
día de intentar con la camilla de bipedestación. Se trataba de una camilla
común y corriente con ruedas. Me ayudaron a transferirme a ella y allí
sujetaron mis rodillas y mi abdomen. Paso seguido, fuimos hacia un balcón y
allí comenzaron a inclinar la camilla de manera tal que, mis pies se acercaban
al suelo y mi cabeza se elevaba. Sensaciones molestas si las hubo, esa fue una
de ellas. Mi visión se nubló por completo y la sensación de no poder respirar
volvió a invadirme.
·
Fijá la vista en un
punto - me recomendaban.
·
Me siento mal, no
aguanto esta sensación - decía yo.
Por más
que intentara fijar mi vista en un punto, seguía sin ver con claridad y mi
cabeza dolía.
·
Bueno, vamos a bajarte
- dijeron.
·
Si, por favor -
imploré.
Al
acercarme a la horizontalidad me comencé a sentir mejor. Pude divisar
parcialmente el entorno. Se respiraba tranquilidad en el ambiente. Era una
mañana apacible de verano con un cielo límpido. Los pájaros regalaban un canto
encantador. Ahí me di cuenta de que empezaba a disfrutar nuevamente de algunos
aspectos de la vida.
El verano
comenzó a extinguirse, pero gracias a aquella camilla que verticalmente me
hacía sentir tan mal pude aprovechar momentos al aire libre. Un hermoso parque
se desplegaba a la entrada del área donde me encontraba internada. Los días en
que la temperatura se brindaba agradable, salíamos a aprovecharlos.

Me cambia la visión de la vida cuando te leo Dieva, Gracias :)
ResponderEliminar"pequeños grandes triunfos" Dieva, que bueno que tuvieras la fuerza para reconocerlos. Ya me quedo a la espera del próximo capitulo!. 😎 pd. Que linda familia que tienes 💗
ResponderEliminarSi. Mi familia ha sido un pilar invaluable en toda esta historia. Gracias!
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarGran avance, Dieva: comenzaste a apreciar lo lindo de la vida.
ResponderEliminarLos pequeños grandes detalles, que sólo somos capaces de apreciarastrear, si estamos conectados con nosotros mismos
ResponderEliminarTal cual. Es exactamente como tú dices victoria. Abrazo.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarLos pequeños grandes detalles, que sólo somos capaces de apreciarastrear, si estamos conectados con nosotros mismos
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