Mi
viaje a USA era ya un hecho. En marzo de 1993 otra vez partiría al
exterior. Aquel viaje estaba rodeado de una total expectativa de mi
parte. Así fue que en un cálido marzo montevideano, partimos desde
Carrasco hacia el norte. A las pocas horas descendimos en Guarulhos,
el aeropuerto de San Pablo. El idioma de Brasil me sedujo, me trajo
bonitos recuerdos. Me tuve que transferir a una silla que no era la
mía. Fue bastante incómoda la situación, pero duró lo que un
suspiro. El viaje parecía no tener fin. La próxima escala fue
Miami. Allí hubo que hacer uso de otro idioma, el inglés. La cosa
se complicaba. Uno puede creer que sabe un idioma, pero no se
comprueba hasta que debe hacer real uso de él. Mi esquema se
deshizo, me costaba mucho entender lo que trataban de comunicarme, me
hallaba en una encrucijada. Descendimos en el O´hare Airport. El
lugar era inmenso, cero pista de hacia dónde dirigirse. No recuerdo
cómo hicimos para dar con la persona que nos esperaba allí. Se
llamaba Santiago, era uruguayo, joven de unos treinta años, muy
simpático. Era sobrino de nuestro contacto allí. Abordamos una
camioneta y partimos rumbo al hospital. Llegamos a un lugar hermoso,
un amplio parque rodeaba el edificio. Ingresamos y nos registramos.
Luego pasamos a un consultorio, ahí me ayudaron a traspasarme a una
camilla. Enseguida entró un doctor. Al verlo me deleité. Un hombre
super joven, de cabello oscuro, blanco de piel, amable. Observarlo
era una delicia. Ben Stamos era su nombre. Comenzó a interrogarme.
Santiago se encontraba con nosotros, no sé por qué él me inspiraba
confianza. Cuando Stamos llegó al tema de mi sensibilidad, me dirigí
sin tapujos a Santiago.
-
A ver, tocame – expresé.
Santiago
se acercó y tocó mis brazos, con su ayuda pude comunicarle al lindo
doctor lo que me inquiría. Recuerdo sentir mucho frío. Cuando
terminó el cuestionario, volví a mi silla y de allí nos dirigimos
a una habitación. Nos recibió una enfermera joven, de tez morena
clara. Yo temblaba de frío y moría de sueño. Me traspasé a la
cama. Ahí comí algo y enseguida me dispuse a descansar. Desperté a
la noche y nuevamente me trajeron algo para comer. El lugar era
confortable, el personal también así lo parecía.
A
la mañana siguiente, desperté y al mirar hacia afuera divisé las
superficies cubiertas por blancas capas de nieve. Me dio la sensación
de estar inmersa en una película.
Mi
padre se hospedó en una habitación dentro del mismo hospital en un
área que estaba destinada a la permanencia de acompañantes. Eso me
brindaba una seguridad adicional.
Conocí
a quienes me ayudarían en esta nueva etapa de rehabilitación:
Sharon, una chica de unos treinta y algo de años, delgada, alta,
ojos verdes y una simpatía compradora; la otra persona era Lisa, una
rubia de cabello enrulado, ojos celestes, súper bonita y con una
fuerza impresionante. Me sentí muy cómoda en el gimnasio y con
aquellas dos asistentes.
De
a poco fui acostumbrando mi oído al inglés. A los pocos días ya me
atrevía a hablar cómodamente el idioma que tanto me gustaba.
Me
levantaba temprano, me aseaba, desayunaba y partía hacia el
gimnasio. Allí una de las primeras cosas que entrené fue la
transferencia desde la silla hacia una cama. Mi padre me ayudaría
con ese ejercicio. Práctica para la cual se requería mucha más
maña que fuerza. Usábamos una tabla deslizante, yo inclinaba mi
torso hacia adelante y mi padre me proporcionaba la asistencia para
el traslado. Una vez en la cama, realizábamos ejercicios para
intentar sentarme y acostarme con la fuerza de mis brazos, también
para lograr virar mi cuerpo. Luego hacía uso de un aparato con pesas
para trabajar mis brazos.
El
almuerzo lo efectuábamos en un amplio comedor espléndidamente
iluminado. Yo contemplaba a través de las ventanas el gris panorama.
Pasaron varios días sin que las nubes dejaran asomar al sol. El
panorama era pleno de tristeza.
Uno
de los planes propuestos fue que tendría que bajar de peso. Yo me
hacía cargo de limitar las calorías consumidas. Todos los lunes
controlaba cómo iba mi tratamiento, y con gusto comprobaba que el
objetivo se lograba.

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